miércoles, 21 de enero de 2015

Celesta


El mar. ¿Sabes por qué creo que tiene tanto encanto? Porque no tiene fin. No se parece a la vida. Le decía a Carmen ¿me compras un barco? Me sigo poniendo la bufanda de Carmen porque no tengo otra. Qué difícil es romper el cordón umbilical con el amor, deshacerse de su peso. El amor es un muerto. Carmen me cantaba canciones indies con la guitarra en su dormitorio y después no me hacía el amor. Veíamos una peli de Woody Allen, me miraba fijamente a los ojos, me besaba en la mejilla, y para despedirnos, en los labios. Sentía algo muy fuerte y sentía Carmen. Sentía su nombre y nunca se ha dado cuenta. Carmen me cantaba canciones indies y me hablaba sobre la poesía que le sobraba. Carmen era un ser mitológico. Carmen era el ser mitológico que le devoraba el hígado a ese otro ser cada vez que amanecía, que sembraba el daño sobre el dolor. Joder cómo me enamoré de Carmen. Yo cantaba canciones con la palabra Carmen por la mañana, incluso cantaba las canciones que Carmen me cantaba, creo, desde la propia Carmen y me creía su guitarra. Yo me enamoré de Carmen. Carmen me cantaba. Carmen me cantaba sus poemas mientras le vencían los miedos y me decía te quiero sin sentirlo, Bego, quédate conmigo para siempre, te quiero Bego, te quiero y yo, todavía, te quiero tanto, Carmen. Pero no, Carmen. Ya no más. Si Carmen hubiera sido tan perfecta como el mar, si Carmen no hubiera tenido fin. No me habla, no me habla y lloro y lloro y lloro y Carmen y lloro y lloro y no me habla y Carmen, ya, no te escribo nunca y tu nombre y mi vida y el mar que creía que también se llamaba Carmen. Alguien que me lo haga como ella, que me hable como ella, con su cuello, con su cuerpo, con sus ojos, con su sexo húmedo, con su nombre, con su espera, con su ella como ella, que me enamore así, como ella, así, ASÍ y que me cante y que me bese y que me diga Bego, quédate, pero ya no Carmen y ya quién sabe, y ya, Carmen, ya, no te escribo.  




2 comentarios :

  1. La inmensidad del mar nos atrae porque somos pequeños,insignificantes a su lado y sin embargo nuestras penas,nuestras frustraciones a veces llegan a ser tan grandes como él.Somos paradojas vivientes,siempre buscando lo que tal vez un día despreciamos cuando más nuestro era.

    Un placer leerte de nuevo Rosa.

    ResponderEliminar
  2. ¡Eh! ¡Qué bello esto!
    Y me has tocado de cerca.
    Diablos...
    Saludos.

    ResponderEliminar